viernes, 15 de diciembre de 2006

¡ SALVE REINA !


- Viva nuestra soberana.

- Aplausos para la Reina.

Isabel III sonreía a la par del vaivén de su mano derecha alzada. Con la otra sostenía la corona que se equilibraba sobre su cabeza. Se sentía muy orgullosa de si misma, la habían coronado. Era la reina, se cumplió el sueño de su corta vida. Por su mente se colaban los colores rojos y azules por un lado, verdes y rosas por el otro, amarillo y púrpura por el centro. En fin, disfrutaba la vestimenta multicolor de sus súbditos.

- ¡Viva Isabel III!

- ¡ Salve nuestra majestad!

La soberana continuaba saludando pero ahora estaba sentada en su trono. Allí en lo más alto de la carroza, en el lugar donde sólo la realeza podía descansar. Los vehículos que precedían y escoltaban el suyo, también, estaban vestidos con vividos tintes de papel o tela, anaranjado, oro, plata y muchos otros.

“Sí, soy una Reina. Soy la soberana. Mis súbditos bailan incansablemente a mi alrededor, rindiéndome el tributo que merezco.”

Y lo merecía, eran años de preparación. Tiempo dedicado, días tras días, para ascender al trono. Horas y horas de su juventud.

El cansancio se reflejaba en el rostro de Isabel III, pero tenia que aguanta. Los actos de celebración serian hasta bien entrada la madrugada. Y.... ella era la Reina.

“La soberana tenia que cumplir con su pueblo hasta el ultimo momento”

El sol se mostraba con la lentitud de la resaca ese miércoles en la mañana. Isabel III subía orgullosa, con los zapatos en las manos, el camino de tierra. Ensuciando las orillas del vestido en los charcos de la vía.

“Tendré que lavarlo a mano antes de devolverlo al club”

Eso no le importó, era feliz. Vio la fachada de su casa a lo lejos y su sonrisa creció. Allí, estaba su reino real, su familia. Cinco hermanos y su mamá preñada, apuró el paso. El carnaval había terminado.

Autor: H.G. CIBELE

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