jueves, 13 de septiembre de 2007

Tres Historias sufi



DISTURBIO SOCIAL
Tamerlán, el soberano del mundo, estaba molesto por los disturbios en un rincón lejano de su imperio. Le llegó la noticia de que en una de las ciudades de esa comarca, los campesinos se habían rebelado y habían asesinado al propietario opresor.
Tamerlán llamó a sus generales para que sofocaran inmediatamente la violencia.
- Llevad toda la infantería que necesitéis. Coged escaleras con las que trepar las murallas de la ciudad; y cañones para reducir el lugar a polvo; y elefantes y camellos para sobrecoger a todo hombre, mujer y niño.
- Has olvidado la única arma que podría calmar los disturbios mejor que el elemento más poderoso de tus fuerzas, musitó Nasrudín al oído del rey.
- ¿Cuál es? – preguntó Tamerlán expectante.
- Un hombre sensible que escuche las quejas de los nativos y ocupe su puesto como señor.

DESCENDIENTES
Durante un tiempo, Nasrudín estuvo desterrado de la corte por sus burlas constantes. Al regresar a su pueblo, empezó a plantar un bosque de árboles jóvenes alrededor de su propiedad.
- ¡Cómo has perdido el favor real! – se rió entre dientes el imam, regocijado -. Tu barba será blanca como la nieve antes de que esos arbolitos tengan unos palmos de altura. Y sin duda, nunca verás los árboles en su esplendor.
- -Muéstrame a un hombre que no piense en sus descendientes – contestó Nasrudín -, y yo te mostraré a alguien que no es nada.


CUATRO CAZADORES
Un día, cuatro cazadores entraron a caballo en la aldea de Nasrudín. Llamando a la puerta del mulá, pidieron agua. De acuerdo con las leyes de la hospitalidad, Nasrudín les invitó a que entraran y pidió a su esposa que trajera no sólo agua, sino también un plato de estofado y arroz. Cuando los huéspedes habían comido hasta hartarse y se preparaban a partir, su anfitrión colocó un frasco en la mano de cada hombre.
- Llevad este otro refresco con vosotros e id en paz.
Tres de los jinetes le dieron las gracias calurosamente por el agua, pero el cuarto pidió otro frasco.
- ¡Oh rey del mundo! – dijo con voz qujumbrosa el mulá - ¡No tenía la menor idea de que fueses tú!.
- Es porque voy disfrazado – contestó el sorprendido gobernante -. Pero dime, ¿cómo es que me has reconocido?.
- Tu sed por el agua es tan grande como tu sed de poder – replicó su anfitrión.
Publicar un comentario