viernes, 10 de junio de 2011

EL TREN TE ESPERA


EL TREN SIEMPRE ESPERA

En la vida postergamos los sueños, pero el tren siempre
espera para llevarnos a cumplir nuestros reales deseos.

Anibal se sentó con rabia ante el volante de su vehículo, un
deportivo del año, color plata, se miró en el espejo
retrovisor y aflojó el nudo de su corbata. Todo en los
negocios iba muy bien, semana tras semana subía su cuenta
bancaria y su nivel de vida cada vez era más alto. De
repente, sintió un enorme malestar general y arrugando la
cara se acordó de aquello que cada DIA le rondaba en su
cabeza. De que le servia todo el dinero que estaba
acumulando, si no era capaz de hacer lo que había querido
toda la vida. El miedo se observaba en los ojos que miraban
al espejo del automóvil. Sabia o por lo menos tenia el
presentimiento que si lo hacia moriría irremediablemente.
Una gota de frustración e impotencia salio lentamente de su
cristalino derecho, Se quito con rabia la chaqueta del
traje, la lanzó a la parte trasera, encendió el coche y
sacando diminutas partículas de asfalto, arrancó a toda
velocidad. No quería llegar a su casa, decidió dar un paseo
por “La Ciudad de los Museos”, así se conocía la manzana que
reunía los museos mas importantes de la región. Sin bajarse
del vehículo, Anibal manejó lentamente frente a cada uno de
los edificios, observó su bella arquitectura y repasó
mentalmente cada una de las obras que había admirado en cada
uno de ellos. El pensamiento volvió con violencia a su
mente: “Olvídalo, si lo haces morirás”. De nuevo, sintió un
desagradable estado corporal y se acordó de su padre.
Cuando tenia doce años, recordaba que era un sábado por la
mañana, su padre había tenido una fuerte discusión con su
mamá. Anibal, que estaba en la habitación viendo la
televisión, vio que se abría de golpe la puerta y que la
figura de “papá”, envuelta en sombras y una rabia roja, le
ordenó: “vístete que nos vamos de paseo”. Ese día visitó “La
Ciudad de los Museos” por primera vez. Quedó maravillado por
las pinturas que vio en el museo de arte contemporáneo, la
gran cantidad de colores, las figuras sin formas o las
formas sin figuras, en fin todos esos detalles plásticos que
no entendía pero que le fascinaban indescriptiblemente. Esa
tarde lo había decidido, pero la mala noticia que recibió le
hizo olvidar la decisión hasta bien entrada la adultez. Papá
y mamá acordaron divorciarse, al enterarse solo vio una gran
variedad de colores haciendo reflejos entre los juegos de
luz y sombras que producían las imágenes reflejadas en sus
ojos llenos de lagrimas.
Un fuerte cornetazo lo sacó de su estancia en el pasado,
estaba atravesado a mitad de la calle, justo al frente del
Museo de Arte Contemporáneo, cerrando el paso a los demás
vehículos. Aceleró lentamente y en ese momento decidió que
lo haría, aunque esto significara la muerte.
En un pueblo de la montaña, el anciano no podía esconder la
sonrisa de felicidad que delineaba su boca, volvió a leer el
titular a ocho columnas en las paginas culturales del diario
regional: “Anibal Andrade ganó primer premio de la Bienal
Internacional de Pintura”. Muy lejos de allí, en la ciudad
europea sede de la bienal, Anibal recibía la estatuilla que
lo hacia acreedor del premio mas importante de las artes
plásticas. En ese momento, recordó a un Anibal de traje y
corbata, automóvil deportivo, abundante cuenta bancaria y
enorme tristeza. Oyendo los aplausos de los asistentes,
decidió que esa noche brindaría por la memoria del difunto.
Autor: H.G. CIBELE

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