sábado, 19 de julio de 2008

Mas Historias Sufi. Cuento. Reflexion


La sabiduría dentrode una historia es un secreto que debemos entender para encontrar nuestra abundancia y prosperdodad. Lee y aprende , decubre el secreto y sigue tu senda del prosperidad y abundancia.

H. G. CIBELE

UN HOMBRE MAS DEBIL
Cuando pasaba por delante de un elegante palacete en el centro de Bagdad, Nasrudín se percató de que en su interior se estaba celebrando una fiesta. Atraído por el olor de la cabra asada, se metió en la casa pasando por entre los guardias y se sentó a la mesa. Después de la comilona, el anfitrión pidió silencio. - Amigos – dijo -, os he invitado aquí para celebrar mis últimas y grandes victorias. Como sabéis, he sido el campeón de lucha de esta ciudad durante algún tiempo. Pero ahora, tras haber derrotado a mis competidores en otras ciudad, ¡soy campeón de todo el país!. Los comensales aclamaron a su anfitrión. Sólo Nasrudín permaneció en silencio, lo que enfureció al luchador: - ¿No te impresiona que haya pulverizado a mis enemigos y tirado al suelo a los mejores luchadores que esta tierra puede ofrecer? - - preguntó. - Depende – contestó el mulá -. Esos hombres ¿eran más débiles que tú? - ¡Por supuesto! – se jactó rimbombante el deportista -. Eran tan débiles como moscas… tan insignificantes como las más diminutas hormigas. - ¿Y qué mérito hay en derrotar a un hombre más débil?

COMO SER SABIO
- Padre – preguntó un día el hijo más joven de Nasrudín -, ¿cómo puedo llegar a ser tan sabio como tú? - Si un hombre erudito habla, escúchale – contestó el mulá -, y si hablas tú escúchate.
LA JOVEN IMPUDICA
Durante mucho tiempo, Nasrudín había tenido la intención de pedir la mano de cierta joven. Pero antes de que hubiera ahorrado el dinero de la dote, su amigo le dijo que iba a casarse con la bella muchacha. El mulá quedó trastornado y, pensando un momento dijo:
- Te felicito, ella es en efecto un premio. En realidad, hoy mismo hablaba con otro hombre que admitía que estaba deslumbrado por sus encantos.
- ¿Estás diciendo que ha aparecido sin velo en público? – preguntó su amigo.
- Simplemente repito lo que he oído – contestó Nasrudín.
Muy agitado, el otro hombre fue corriendo a la casa de su futuro suegro y rompió el compromiso.
Unos meses después, cuando finalmente Nasrudín había conseguido el dinero de la dote, se comprometió con la muchacha. Cuando su amigo oyó la noticia, se enfadó mucho.
- ¡ Si no hubieras dado a entender que la chica era impúdica, me habría casado con ella!
- Estás confundido – dijo Nasrudín tranquilamente -. Yo nunca insinué en lo más mínimo que fuera impúdica.
- Pero dijiste que habías hablado con otro hombre que estaba deslumbrado por su belleza.
- ¿No mencioné que el otro hombre era su padre? – preguntó Nasrudín.

NUNCA NACIDO Mientras estaba en la India, Nasrudín visitó un cementerio enorme. Deteniéndose delante de una elaborada tumba, leyó. - “Aquí yace el mayor gobernante que este país conoció nunca. Condujo a sus ejércitos a la batalla contra las fuerzas enemigas. Construyó escuelas y alojamientos para los pobres. Su valor y caridad le convirtieron en leyenda ya durante su vida. Este nobrle gobernador murió a los cinco años de edad”. ¿Cómo pudo un gobernador lograr tanto en tan poco tiempo? – preguntó Nasrudín al encargado de la tumba. - El sultán llegó al trono a los veinte años de edad y gobernó durante sesenta años. En su lecho de muerte, a lo ochenta años, declaró: “He pasado siete años estudiando, ocho en la guerra y sesenta preocupado por los asuntos de Estado. En total he vivido cinco años en mi vida. Ésta es la edad que quiero que se recuerde en mi lápida mortuoria. - Si es así como aquí se considera la edad – dijo Nasrudín -, por favor, mira que en mi epitafio aparezcan estas palabras: “Aquí yace Nasrudín, ¡un hombre que nunca nació!”.
CAMPESINOS Y REYES
Un día, el rey y su partida de caza entraron en una pequeña aldea. Muy excitados por la fortuita visita real, los habitantes se reunieron en la plaza principal para ver al monarca. Después de unos minutos, un campesino ofreció al rey un vaso de agua. El gobernante cogió el recipiente de la mano del hombre harapiento, se bebió el agua de un solo trago y ordenó continuar a su séquito.
- Qué triste es ver tan malos modales” – dijo Nasrudín cabalgando al lado del rey.
- Me sorprendes, mulá – contestó el rey -. Habitualmente defiendes al desvalido.
- Me refiero a vuestro modales, Majestad.
- Mis modales son impecables. ¿Desde cuándo un gran hombre como yo está obligado a agradecer a un campesino un vaso de agua?
- Desde el momento que, sin siervos como él, no habría ningún gran hombre como tú.

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